

Acueducto de Noáin
Los navarros de finales del XVIII no podían dar crédito al ver el agua circular por la parte superior de aquella larguísima sucesión de arcos, que milagrosamente traía agua potable a las fuentes públicas que Luis Paret había diseñado para la ciudad de Pamplona. Como el mismísimo río Guadiana, el agua viajaba escondida desde el manantial de Subiza, al pie de la Sierra del Perdón, hasta llegar por el lado sur a la capital.
El proyecto para la construcción del Acueducto de Noain se encarga al arquitecto real Ventura Rodríguez y en 1790 se inaugura esta infraestructura hidráulica, faraónica y espectacular para la época, que supuso la canalización del agua a lo largo de 16,5 kilómetros de recorrido.
Su parte más emblemática se sitúa sobre una depresión detrás de la localidad de Noáin; llegó a tener una longitud de 1.245 metros sobre 97 arcos de piedra y ladrillo, de los que hoy conserva 94, con columnas de hasta 18 metros de altura y un canal en su parte superior.
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